Burke y Jovellanos: el problema del centro político

 

El número 2 de Almanaque publica un inédito sobre el ilustrado anglo-irlandés de gran interés histórico, pero introduce ruido ideológico

 

 

Extracto de una carta de Mister Burke a un miembro de la Asamblea Nacional de Francia (1791)

Transcripción, introducción y comentarios de Lioba Simon Schuhmacher

Almanaque, Año II, núm. 2, Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias, Gijón, 2015, 137 páginas

 

La Fundación Foro Jovellanos ha dado a la imprenta el número 2 de Almanaque, dirigido por Lioba Simon Schuhmacher, doctora en Literatura Europea comparada del siglo XVIII y profesora de la Universidad de Oviedo. La publicación tiene el mérito de rescatar, de un legajo de la Biblioteca Nacional de España, un extracto en español que algún desconocido compuso, en los últimos años del siglo XVIII, de la famosa carta que Edmund Burke envía en 1791 a un miembro de la Asamblea revolucionaria francesa. Junto a la transcripción del extracto en castellano, que permanecía inédito, se reedita  el texto íntegro de la carta en inglés, y se acompaña de notas y de una introducción de setenta páginas con la que Lioba Simon nos sitúa en el contexto del manuscrito y del personaje que Burke representa.

Este texto del filósofo dublinés de abril de 1791 es muy importante ―al lado de Reflexiones sobre la Revolución en Francia (noviembre de 1790) y de Pensamientos sobre Asuntos Franceses (diciembre de 1791)― porque nos retrotrae a uno de los momentos donde eso que hoy llamamos "centro" político podría estar manifestándose como fenómeno por primera vez. Conocemos el posicionamiento de muchos ilustrados en relación a la revolución francesa, a favor o en contra, pero fue la reacción de Burke, parlamentario whig, la que tal vez tuvo más impacto y una especial trascendencia.

El enfrentamiento entre whigs y tories es de carácter dinástico: jacobitas y contrajacobitas, esto es procatólico (tories) y protestante (whigs), lo que a su vez contenía tendencias más favorables a la nobleza terrateniente o a la burguesía "noble", a dar más supremacía al monarca o al parlamento, y como cuestión de fondo a rechazar la economía librecambista o a defenderla.

La revolución francesa tuvo un efecto sobre el ordenamiento político en Francia, sí, pero también sobre el resto de Europa e inercialmente sobre el mundo: consagró la derecha y la izquierda, que arrastraban modelos sociales, económicos y de Estado diferentes.

¿Cómo reaccionan los británicos ante la revolución francesa? Burke pasa a tener en esto un papel definitorio, pues  denuncia furibundamente los principios ideológicos en los que se fundamentaban los revolucionarios y se ve enfrentado a la postura oficial mantenida por su propio partido (los whigs de Charles James Fox). En este escenario, promueve una escisión entre los nuevos whigs progresistas y los viejos whigs. ¿Qué estaba sucediendo? Lo que acontecía era que no solo se trataba de desavenencias entre distintas corrientes de un partido sino del surgimiento de una nueva opción política, que, al no ser absorbida por el partido tory, pasaba a ocupar un nuevo espacio, lo que retrospectivamente algunos historiadores han denominado "centro", que vendría a coincidir con la defensa a la par del liberalismo y del conservadurismo.

 ¿Cómo influyó el espíritu de la revolución francesa en España? Tras dos décadas de solidificación, sus fuerzas se expresarían en las Cortes de Cádiz (1812) o como liberales o como "serviles", nuestras izquierda y derecha respectivamente.

¿Qué lugar ideológico ocupó Jovellanos en este proceso? Es aquí donde se produce un espejismo o un contagio interesado entre la figura de Jovellanos y de Burke. El anglista Esteban Pujals Fontodrona en su estudio introductorio de la traducción de la obra de Burke, Reflexiones sobre la Revolución Francesa (Rialp, 1989), en un análisis elaborado con trazos gruesos y mal contextuados atribuye a don Gaspar similares principios ideológicos que los del político británico, y, por tanto, sitúa a Jovellanos en el conservadurismo de centro. Lioba Simon se refiere a este emparentamiento en su estudio introductorio, recoge después citas coincidentes de Javier Varela y de Ignacio Fernández Sarasola y otra algo discordante de F. Carantoña Álvarez. Y llevada seguramente por las premuras del espacio, deja el tema sin más análisis. Como quiera que me parece muy injusto para los estudios jovellanistas dar por aproximadamente bien establecido el diagnóstico de Fontodrona, apelaré aquí a centenares de páginas y análisis que llegan a otras conclusiones distintas, las de, entre otros, Antillón, K. Marx, G. de Azcárate, E. González-Blanco, Morán Bayo, A. del Río, Prados Arrarte, J. Sarrailh, John Polt, Caso, Domergue, Flecha, Lara, E. de Lorenzo y mis propios análisis ―Jovellanos y el jovellanismo (2004) y "Sobre el pensamiento de Jovellanos: ¿ideología de centro?" (2011).

Fontodrona toma sus ideas del jovellanismo neocatólico propio del siglo XIX (Nocedal, Laverde y Menéndez Pelayo), del que sabemos que lleva a cabo una acomodación tergiversada de las ideas de Jovellanos. El error de diagnóstico de este jovellanismo radica en atribuir conexiones burdas entre la religión y la política, viciando los contextos precisos en que se dan: no es homologable un creyente católico curialista con otro "jansenista", un cristiano adepto a la milagrería con otro crítico con el exceso de clero, un defensor del imperio político de la Inquisición con otro defensor de la primacía del Estado... Eran estos los dilemas en juego y no la constatación de la simple creencia. Pasados 30 o 40 años la historia demuestra que algunos conceptos se transforman en el contacto con los acontecimientos. Así sucedió, por ejemplo, con "democracia". Los neocatólicos de Nocedal se aprovecharon de esta mutación y la utilizaron para hacer de Jovellanos el fundador del conservadurismo de centro. Una rentable impostura.

¿Por qué se equivocan Nocedal y Fontodrona? Sabemos que Jovellanos vio con buenos ojos la primera constitución revolucionaria y que empieza a ser crítico con la revolución francesa, como tantos otros progresistas europeos, a partir de los excesos que se producen en 1793 y 1794. Don Gaspar, compartiendo algunas características con Burke ―la importancia de que los cambios políticos deriven de encadenamientos legítimos― no concederá ni el origen divino de la monarquía, ni el rechazo del Rousseau pedagogo, ni la ruptura con Charles James Fox, ni su diagnóstico sobre la revolución francesa. En Burke vemos una aversión visceral y absoluta hacia los principios filosóficos revolucionarios, o sea hacia el modo moderno de entender la libertad, la igualdad y la fraternidad, mientras que Jovellanos los abraza. No los acepta sin matices o análisis, no es un ideólogo desinformado, pero el sentido hacia donde vierten sus aguas se percibe claramente. No adopta una postura de "centro", sino radical (acompañada de exilio, prisión y persecución). Además, el centro político aún no se ha fraguado en España, por ello, habría que hablar de "centro moral" y tampoco aquí hallaríamos al filósofo español. Sí, es verdad, sería muy identificable en la "centralidad" ética, porque desde la prudencia y la perspectiva histórica juiciosa propone medios efectivos de reforma, que no se malogren... Pero ¿vamos a convertir por ello a Sócrates, Séneca, Spinoza y Kant en personajes de "centro"? Claramente se percibe el abuso conceptual. ¿Convertiríamos a Marx y a Gramsci, buscando su lado juicioso y prudente,  en políticos de centro? Con evidencia se ve que se mezclan planos diferentes. Pues eso...

 

Artículo: Silverio Sánchez Corredera: Burke y Jovellanos: el problema del centro político. La Nueva España, Cultura, nº 1094, Oviedo, jueves, 21 de mayo de 2015, pág. 7.

http://www.lne.es/suscriptor/cultura/2015/05/21/burke-jovellanos-problema-centro-politico/1760097.html