Viaje a 1927 con Vavilov en España

 

En una magistral investigación, Pablo Huerga localiza un sólido tejido social científico español, previo a la guerra civil

 

Vavilov en España. Una Odisea en busca de la escanda

Pablo Huerga Melcón

Rema y Vive, 288 páginas, 15 euros

 

Entre los años 20 y 40 del siglo XX, un personaje se ha propuesto superar el gran reto de la alimentación mundial y, en primer lugar, para aplicarlo en una estrenada Unión Soviética comprometida con su revolución socialista. Para ello, era preciso conseguir el control científico de la agricultura. Se llama Nicolai Ivanovich Vavilov (1887-1943), botánico y agrónomo que ha desarrollado muy joven dos novedosas teorías, una sobre la genética de las plantas y otra sobre los siete núcleos geográficos de irradiación mundial de los principales cultivos (trigo, arroz, patata, maíz…). Brillante y respetado científico, se le encarga dirigir el Centro de Plantas Cultivadas, trabajo que culminará en un gran Museo experimental de semillas, que hoy lleva su nombre, en San Petersburgo, y que es una referencia internacional.

Pablo Huerga Melcón, profesor de Filosofía de la Universidad de Oviedo, se encuentra con esta figura científica cuando, hace más de dos décadas, ultimaba su tesis doctoral sobre Boris Hessen (1893-1936), célebre físico soviético. Dos hombres de ciencia y un mismo destino: Hessen muere ejecutado y Vavilov, tras conmutársele la pena de muerte, fallece de inanición y enfermedad. A pesar de las trascendentales contribuciones a la botánica mundial y a su patria, acabó entre la multitud de depurados y encarcelados por el régimen estalinista. Finalmente, ellos dos y muchas otras figuras serán rehabilitados y declarados inocentes, en un reconocimiento póstumo sólo posible tras la muerte de Stalin (1878-1953).

Antes de que se llevara a cabo una sistemática destrucción de sus archivos, Vavilov había ya publicado “Cinco continentes”, el relato de su periplo investigador por Asia, África, Europa y América…, mientras recogía, preservaba y estudiaba todo tipo de semillas de plantas. Huerga Melcón enseguida repara en que uno de los capítulos de “Cinco continentes” es “Viaje por España”, que contiene datos preciosos y reveladores. Así que, manos a la obra, publica una traducción de este viaje por nuestro país e inicia una investigación minuciosa sobre los detalles de este empeño científico, y por eso, ahora, tras veinte años de rastrear información ve la luz “Vavilov en España. Una Odisea en busca de la escanda”.

Tenemos, de este modo, un libro que contiene una traducción de un texto científico importante, acompañado de un estudio de carácter historiográfico sobre la figura de este  botánico ruso. Pero tenemos algo más. Pablo Huerga consigue trasladarnos a 1927 y a aquellas décadas. Ha tirado de los hilos sueltos que se iban presentando, con consultas en bibliotecas y archivos y con rastreo de cartas, y ha conseguido recuperar a aquellos científicos españoles, los que acompañaron a Vavilov en sus investigaciones por el levante, sur, centro y el norte de nuestro país. Indagación detectivesca también que ha necesitado, a menudo, la ayuda de los nietos y descendientes de aquellos científicos.

¿Qué queda al descubierto en esta curiosa búsqueda? Una de las consecuencias más relevantes nos lleva a invertir la idea tópica sobre el estado de la ciencia en España, pues se desmiente el diagnóstico unamuniano de un país que habría dado la espalda a la ciencia. Lo vemos en las explícitas palabras del propio Vavilov, magníficamente argumentadas después por Pablo Huerga. Vavilov reconoce que la Geología, Agricultura, Química, Ciencias Naturales y Arqueología se hallan a un estimable nivel, y que, en concreto, los tratados generales sobre geografía nacional están entre los mejores del mundo.

Lo que podría acabar siendo una biografía convencional, sobre trasfondo sociológico, se convierte, en manos de nuestro profesor astur-leonés, en mucho más que eso. Contiene las conclusiones del botánico ruso sobre la riqueza agrícola española —y su encuentro con la escanda asturiana, uno de los motivos primitivos de esta expedición—. Pero también, conducidos por Huerga, este viaje a 1927 además de recrear lo que se dijo o sucedió, consigue establecer una dramaturgia de los detalles donde los personajes relegados dejan de estarlo y adquieren protagonismo propio. Y la reliquia distante de esta crónica histórica se aviva al recuperar el semblante de quienes participaron en aquella odisea científica, que fue gesta colectiva.

Vavilov, hombre culto a todas luces, no puede evitar, como de pasada, referirse a la belleza de la Alhambra y la Mezquita de Córdoba y mencionar las ciudades de Madrid, Barcelona y Sevilla con verdadero entusiasmo, alabar la red de ferrocarriles y quedar embrujado con las pinturas rupestres de Altamira. 

Y Pablo Huerga, con una sólida obra filosófica publicada, deja aquí bien establecido que la ciencia no se explica solamente por las individualidades famosas, sino que es preciso un tejido social e institucional científico que se tiene o no se tiene. Y España lo tenía.

 

Cualquier lector podrá entonces preguntarse si los Ramón y Cajal, Ochoa, Margalef, Covián y Margarita Salas… habrían podido multiplicarse en el caso de que el régimen franquista no hubiera truncado aquel proceso en marcha.

Silverio Sánchez Corredera

En La Nueva España

 

https://www.lne.es/cultura/2023/06/02/viaje-1927-vavilov-espana-88138734.html