Escritos literarios 43. La estética transfronteriza de Juan Hernández

 

 

La estética transfronteriza

 

Juan Hernández posee una de las claves literarias para adentrarse en la frontera entre lo humano y lo animal.

 

Cuentos de amor sesgado

Juan Hernández

Editorial Comanegra,  Barcelona, 2014, 93 páginas.

 

Desconocemos cuál pueda ser la frontera de nuestra humanidad, pero entrevemos su proximidad cuando, inmersos en un tejido de sensibilidades nuevo, nos afectan extrañas relaciones, antes «imposibles». Entonces, la distancia entre el animal y el humano llega a anularse, y otras veces, nos encontramos con nuestras propias raíces silvestres primitivas y benéficas o, también, con el violento salvaje hacia el que regresamos. Esta tesis parece subyacer a estos cuatro cuentos de amor sesgado, que se leen como cuatro historias bien diversas, sobre la prisión y el amor, la guerra étnica y el amor, la vejez y el amor y el aislamiento y el amor, pero que están construidas desde un mismo esquema antropológico.

Se imagina uno que Freud y Jung leerían estos cuentos de amor sesgado con fruición, porque sin duda su psicoanálisis y sus arquetipos inconscientes encontrarían allí buen material para sus pesquisas psicológicas. También sería del agrado de Merleau-Ponty, que vería su prosa filosófica reflejarse en esta literatura, contorneada de parajes que se desandan entre el cuerpo sexuado y los sentidos del mundo. Henri Maldiney disfrutaría igualmente comprobando con qué facilidad las síntesis pasivas que transitan los fenómenos interiores se deslizan al lado de las síntesis operadas en el mundo «objetivo» y exterior. Cualquier estudioso de la teoría estética debería quedar por lo mismo emboscado en estos cuentos. Y Mary Shelley, Allan Poe, Dostoievski, Nietzsche, Óscar Wilde, Kafka, Unamuno, Borges y Deleuze hallarían aquí escenarios conocidos. Y quienes, concreta o genéricamente, se inclinan a bucear en las esquinas del psiquismo humano... o también los amantes de las palabras que se entrelazan siguiendo cadencias sorpresivas, sugestivas y originales.

Juan Hernándezen Cuentos de amor sesgado nos conduce la mirada hacia formas de filia y de eros oblicuas, desviadas de la horizontal que traza la continente moralidad y alejadas del ángulo recto de las estéticas habituales. Pero no accedemos a ese lugar por la pendiente de una voluntad que se inficionaría en depravadas morbosas insanias, ni pretende tampoco ser un transparente ejercicio de «sonrisa vertical», pues llegamos a ese límite empujados por la misma humana naturaleza, en su sintaxis determinista, cuando otros caminos poco a poco ocluidos se van obturando del todo... precediendo a las varias formas de  locura o a la última salvación que trae la muerte.

Nuestro escritor entra con naturalidad en el trance capaz de leer las olas que se mecen en el umbral entre lo humano y lo «demasiado-humano», y ahí la aparente arquitectura de lo morboso proyecta, sorprendentemente, sombras de puro lirismo donde la humanidad, lo animal y las leyes de la naturaleza se congregan.

A través de cuatro líneas de fuerza trazadas por los cuatro cuentos contenidos en el libro, quiere alejarse tenazmente siempre de lo mismo: de lo depravado, lo feo y lo inhumano. De la cárcel injusta, de la guerra asesina y atroz, del insidioso desprecio hacia quien es ya viejo y molesto y del individuo aislado, solipsista e inmunizado contra la sociedad... Los resortes psíquicos de los personajes, llevados al límite, ya de lo infrahumano ya de lo suprahumano, como huida de la asfixia que produce el sufrimiento extremo y arbitrario, aquel que procede de la mutua laceración en el interior de la sociedad, encuentran una vía de escape en la muerte o hundiéndose en la salvífica locura, pero en la antesala de esto, se descubre el reencuentro con los engranajes de las sensibilidades animales, capaces de trenzarse con lo humano (los cuentos del canario y de la cerdita)... O la salvación de la locura senil previa al aniquilamiento definitivo, a través de benefactores fantasmas («El abuelo enamorado», de su esposa ya muerta)... O los propios espectros maléficos que no pueden sino ajusticiarme como atroz asesino («Si me quieres, mátame»).

Nuestro narrador utiliza metáforas con soltura (donde la cerda es «una niña amartelada y cameladora»), cómo si no iba a conseguir lo que consigue, y metonimias donde lo físico se encabalga fácilmente en lo psíquico, y viceversa, y donde lo humano, lo animal y lo natural tienden sus puentes semánticos... En medio de un discurso muy original, los refranes y frases hechas no dejan de abundar, pero hilvanándose con el relato sin costura alguna. La descripción precisa y musical (como «el chacarrachaca de las chicharras») viene en ayuda frecuentemente de sutiles situaciones. Cada cuento mantiene una percusión literaria profunda y de tanto en tanto encontramos párrafos de oro. Si Proust moldeaba con tres adjetivos, Juan Hernández prefiere deslizarse por el tobogán de múltiples adjetivaciones. El encadenamiento de sinónimos, a veces en cascada exhaustiva, es uno de sus rasgos estilísticos.  Un escritor, obviamente, no lo es, si no tiene un estilo, y por ello afila unas herramientas más que otras. Pero no estamos ante ese escritor que llega a relajarse cuando alcanza cierto virtuosismo poético formal, porque lo que puja con más fuerza en su escritura es la energía por dirigirse al trasfondo, contorneando situaciones límite: los bordes de la decrepitud física y psíquica; la ambigua y fina distancia entre lo aberrante y lo natural; la relación humana nacida de la extrema maldad o de la bondad inocente.

Aunque, es verdad, en la tesis antropológica que subyace Juan Hernández hace trampa, una trampa poética. Como no puede acercar el hombre al animal sin desnaturalizarlo, procede a humanizar al animal cuanto es preciso. El quiebro cultural en el que el hombre se halla no puede ser recorrido por el animal, pero sí en la ficción, donde no obstante accedemos a una ventana fenomenológica para comprender mejor la riqueza de nuestros campos intencionales... La literatura se convierte, así, en un instrumento filosófico nada desdeñable. 


Publicado en: 

La Nueva España, Suplemento Cultura nº 1068, pág. 2,   Oviedo, jueves,  6 de noviembre de 2014. [Reseña sobre Cuentos de amor sesgado, Editorial Comanegra, Barcelona, 2014, 93 páginas]

 

Etiquetas: Juan Hernández. Estética. Transfronteriza.