Escritos literarios 40. La erótica del capitalismo

 

 

La erótica del capitalismo

 

Byung-Chul Han ve agonizar la fuerza de Eros y afirma que está siendo sustituida por nuevas formas de sexualidad.

 

La agonía del Eros

Byung-Chul Han

Herder Editorial, S. L.,  Barcelona, 2014, 79 páginas.

 

Byung-Chul Han, filósofo surcoreano nacionalizado alemán y profesor de filosofía y estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín, nos conduce en sus últimos escritos hacia una particular crítica de la sociedad contemporánea.

Su diagnóstico sobre las relaciones sociales actuales empieza a consolidarse en La sociedad del cansancio (2012). En esta, reflexiona sobre cómo los ámbitos más esenciales del hombre sufren el contagio de la lógica del capitalismo y revisa sus consecuencias perversas, que estarían conduciendo a una nueva patología cultural. En La sociedad de la transparencia (2013) profundiza en este análisis inspirándose en los peligros del panóptico digital y en el falso mundo de la hiperinformación del enjambre informático. En su tercer éxito de ventas, La agonía del Eros, sigue esta misma ruta para centrarse en una de las consecuencias más notables de la patología social de nuestro presente inmediato: la buena, verdadera y tradicional erótica del amor estaría desapareciendo y dejando paso al sexo sin relación personal o a la pornografía o a la simple sexualidad narcisista.

Venimos de una sociedad de la disciplina predominante en los siglos pasados, donde al lado del violento Ares  reinaba también Eros, encargado de contrarrestar el afán destructor a través de un sentimiento personal cuya primacía no la tenía el propio ego sino el Otro. Pero esta sociedad disciplinada estaría desapareciendo desplazada por la sociedad del rendimiento, del espectáculo y de la mercancía, merced al ajuste cada vez más preciso operado por los valores neoliberales en expansión. La axiología del mundo contemporáneo no solo coloca en primer plano el aprehender, conocer, producir, rentabilizar y, en suma, Poseer, sino que anula los afanes de un Eros liberador en beneficio de una sexualidad que queda sometida también al dictado del rendimiento y del deleite a ultranza. Se trata del desplazamiento que lleva del añejo amor erótico, con sus luchas y con su dolor, a la complaciente satisfacción inmediata, indolora, narcisista y pornográfica. Pero, paradójicamente, mientras que el eros sufriente era manantial de generosidad y de ponderación emocional, ahora, esta sexualidad mercancía se convierte en una fábrica de compulsión y de depresión.

 

El autor construye sus argumentos próximo a una determinada ética existencialista (Buber) y a una concreta antropología fenomenológica (Lévinas), que le ayudan a perfilar el modelo plausible del Otro en la relación amorosa; y cercano a una sensibilidad crítica marxista (Eva Illouz) y a cierto estilo postmoderno (Baudrillard), con los que simpatiza en su actitud de denuncia; y en diálogo con autores como Hegel, Nietzsche, Heidegger, Bataille y Badiou, a través de quienes busca la densidad de su texto, o extrayendo las claves históricas más lejanas sobre la teoría del amor en filósofos como Platón, Aristóteles y el neoplatónico renacentista Marsilio Ficino. Y, en la vertiente de sus filiaciones artísticas, va echando mano de «Tristán e Isolda», donde el amor, el deseo y la muerte se anudan, de «El país de Jauja» de Pieter Brueghel, de los cuadros abstractos con sus pasiones abismales humanas de Malevic, del «David con la cabeza de Goliat» de Caravaggio, del dibujo de un ciervo que ronca en soledad de Carl Friedrick Hill, o de la película «Melancolía»  de Lars von Trier, como claro ejemplo de la erosión del otro. A través de sus citas, entrevemos pues sus filiaciones y su planteamiento pero no llegan a cohesionar con claridad sus propuestas antropológicas y ético-políticas, sometida como está su argumentación a un estilo asertivo cuyas tesis se escanden sin fundamentación reconocible. Se afirma más que se analiza y se repiten conceptos eje (como el del «infierno de lo igual») presuponiendo su definición. La música de fondo suena bien: se detectan algunas patologías efectivas. Pero la evidencia de que esas anomalías pertenecen exclusivamente a nuestro tiempo y de su devenir catastrófico se escribe con trazo grueso. En todo el texto predomina una cierta hipérbole generalizadora y calamitosa. Y un lector algo riguroso puede tener al menos la duda de si no sería más bien una cuestión de proporciones, de intensificaciones y de curvas expansivas y recesivas del engaño y de los autoengaños más que esa moda de pensar con ultimátum aficionada a ver cambios absolutos, radicales y definitivos. La filosofía tiene la función de denunciar excesos, defectos y devastaciones, y en esto Byung-Chul sí atina, pero tiene la obligación de hacerlo sin confundirse con los ruidos que anuncian algún tipo de «fin de la historia», como vocerío a la moda en manos de vendedores de apocalipsis. Falta conceptualizar mejor los hilos argumentales y mostrar bien la raíz donde anidan; sin ello, la reflexión, a pesar de su buen tino, puede quedar reducida a opinión gratuita o en el mejor de los casos al canturreo de un estribillo tragicómico entreverado en una arcaica epopeya. Quizá, la prisa que conlleva escribir en setenta y nueve páginas una tesis tan rotunda y compleja («el Eros se acaba»), cumple más una función divulgadora de epatantes y conturbadoras doctrinas, nacidas para ser editoriales, que un objetivo de crítica precisa sobre los recovecos de los males que nos acucian.

 SSC


Publicado en: 

La Nueva España, Suplemento Cultura nº 1058, pág. 2,  Oviedo, jueves,  26 de junio de 2014. [Artículo sobre: La agonía del Eros de Byung-Chul Han, Herder Editorial, S. L.,  Barcelona, 2014, 79 páginas.

 

Etiquetas: Byung-Chul Han. Eros. Erótica. Capitalismo.