Actividad de aplicación E-P-M

1) Partiendo de los contenidos sobre la teoría E-P-M (lee también el apartado sobre «Desarrollo de la teoría E-P-M», más abajo), busca ejemplos sobre relaciones éticas, morales, políticas, ético-políticas, político-morales y ético-político-morales, y aclara por qué lo son.

2) Plantea un conflicto de carácter ético-ético y resuélvelo razonadamente.

3) Plantea un conflicto moral-moral y resuélvelo razonadamente.

4) Plantea un conflicto ético-moral y resuélvelo razonadamente.

5) Plantea un conflicto político-moral y resuélvelo razonadamente.

6) Plantea un conflicto ético-político-moral y resuélvelo razonadamente.

 

-Desarrollo de la teoría E-P-M

 

1. La ética y la moral: significado, sus parecidos y diferencias

Los hechos que observamos en el comportamiento animal no nos llevan a hablar de su inmoralidad, mientras que los actos humanos los enjuiciamos, los justificamos, los valoramos y los catalogamos de inmorales o de poco éticos. Para diferenciar entre ética y moral habría que ponerse de acuerdo en el uso de estos términos. En la actualidad se mantienen interpretaciones que no coinciden.

 

1.1. Ética y moral como conceptos confusos

La ética y la moral se refieren a las cuestiones que se pueden considerar buenas o malas. Pero ¿Hay alguna diferencia entre la ética y la moral? Para algunos, la «moral» son los actos que realizamos o las costumbres, y la «ética» el conocimiento sobre el bien y el mal. Para otros, la «moral» procede de las normas sociales y la «ética» de la conciencia de cada cual. La diferencia se pone, al parecer, entre lo «práctico» y lo «teórico». Pero el contraste entre teoría y práctica, aunque cómodo, es en ocasiones confuso. La conciencia que teoriza ha sido previamente moldeada por normas ajenas y las normas sólo «valen» si son interiorizadas. Teoría y práctica no se dan aisladas. La «ética» no es la teoría, la «moral» no es la práctica:

 

La «moral» es una práctica que incluye necesariamente siempre una actividad reflexiva racional. El conocimiento del bien, por sí solo, no nos hace ser más «éticos». No se puede reservar la «ética» para los expertos y la «moral» para la gente corriente. Lo que hagan los teóricos lo llamaremos teoría ético-moral o, incluso, filosofía ético-moral.

 

1. 2. Etimología de ética y moral

La palabra ética («ethos») procede del griego, y moral («mores») del latín. Cuando en la Grecia clásica hablaban de «ethos» señalaban con ello el «carácter» de una persona, su modo de ser característico, y, bajo otra acepción, sus costumbres y hábitos. Este carácter podía ser considerado como conveniente o inconveniente para la vida en sociedad, como bueno o malo. Así que la palabra «ética» acabó reservándose para referirse específicamente a las acciones buenas o malas de la forma característica de obrar de las personas.

Cuando Cicerón necesitó expresar esta misma idea, traducirla del griego al latín, utilizó el término «mores», que significa «costumbres». El buen y mal «carácter» de las personas se convertía en las buenas y malas «costumbres». Por tanto, en la intención de los romanos, ética («ethos») y moral («mores») eran palabras sinónimas, significaban lo mismo, pero en las «mores» el factor social pasaba a predominar.

En el desarrollo histórico posterior, estos términos tenían que referirse a más de un ámbito de problemas: por una parte a los personales; por otra a los sociales, y, además, con ellos interferían los políticos. En muchas ocasiones se diferenciará entre ética frente a política, o entre moral frente a política.

1. 3. Diferencia consistente de ética y moral

Para retomar bien la distinción entre ética y moral desde el sentido etimológico y de sus usos históricos prácticos, hay que partir del hecho de que el hombre es un ser social. Es imposible separar a las personas de la sociedad, hacerlas o considerarlas absolutamente individuales y, menos, asociales, porque en este caso dejarían de ser personas. Los niños ferinos (de fieras), criados en estado salvaje entre animales, no los consideramos personas hasta que son socializados, a pesar de pertenecer a la especie homo sapiens. Por otra parte, tampoco podemos reducir a las personas a ser una mera parte de la sociedad, perdiendo su realidad individual, porque también dejarían de ser personas. La persona tiene un ser individual pero que es inseparable de su ser social.

1. 3. 1. Estructura lógica de la diferencia ética / moral

Si a la sociedad la consideramos como un todo y a los individuos como sus partes, podemos describir esta relación desde la lógica de clases. Lo primero que podemos observar es que las partes no se incluyen en el todo siempre de la misma manera. No es lo mismo que nos pongamos a la cola de un cine, formando parte de ella, constituir parte del pasaje de un avión, estar matriculado en el instituto o ser un ciudadano dentro de un Estado determinado. En unos casos nuestra individualidad apenas se «pierde» al formar parte de un grupo social (como cuando estamos a la cola de un cine) mientras que en otros casos quedamos muy «socializados» o fundidos con el grupo. De la cola del cine cualquiera puede irse cuando se le antoje, en el avión no puedo apearme cuando quiera y dentro del Estado estoy obligado a respetar las leyes.

 

Estos fenómenos se expresan lógicamente indicando que las clases o conjuntos pueden contener a sus elementos de forma  distributiva o atributiva. Los sujetos humanos al entrar a formar parte de grupos determinados (conjuntos), lo hacen bajo una lógica atributiva o distributiva. Los individuos dentro de un grupo distributivo mantienen relaciones de equivalencia, mientras que los sujetos que pertenecen a un grupo atributivo no son equivalentes. En la cola de un cine todos son iguales, en un viaje de avión todos son equivalentes en cuanto al trato (salvo que haya primera y segunda clase), pero no sería cabal apelar a la igualdad para decidir entre todos qué debe hacerse cuando se ha incendiado un motor; lo decidirá el comandante de la nave. En un aula todos los alumnos tienen el mismo derecho a ser calificados con los mismos justos criterios, pero dentro del instituto hay un orden de cuestiones que son competencia del director, de los profesores o de los alumnos. Todos los que conviven en una sociedad determinada son iguales respecto de unas cuestiones pero no respecto de otras.

 

Llamaremos éticas a las relaciones que establecen las personas en un plano de igualdad. En las relaciones éticas se persigue el bien de las personas. Llamaremos morales a las relaciones de los ciudadanos en cuanto intervienen no sólo a título personal sino «en nombre» del grupo o de la sociedad, donde los sujetos son asimétricos y no se hayan en plano de igualdad. En las relaciones morales se busca la justicia social entre ciudadanos, precisamente porque nunca se da plenamente.

1. 3 .2. Consecuencias que pueden extraerse de la diferencia entre la ética y la moral

La ética nunca pierde de vista a la persona como protagonista directo. La moral, sin embargo, tiene que desarrollarse en un plano más social, aunque deba seguir contando siempre con las personas. La ética quedaría ligada al término griego «ethos» y la moral al latino «mores». No es exactamente que la ética se refiera a cuestiones que afectan al individuo y la moral a la sociedad, porque supondría equivocadamente que el individuo es separable de la sociedad. Se trata de que la ley que gobierna las relaciones éticas se extrae de lo que identifica a los seres humanos (todos tienen derecho a vivir, etc.) y la ley que regula las relaciones morales parte de las asimetrías que se añaden al vivir en sociedad, de forma que la dialéctica entre unos y otros apela a la justicia que es el elemento regulador que los grupos, dentro de la sociedad, proponen para la convivencia.

1. 3. 3. Consecuencias sobre la ética

La ética tiene que ver con lo que nos hace a todos iguales, que, en definitiva, es que todos tenemos un cuerpo, es decir, el derecho a la vida, a la salud, a la libertad de movimientos, a la posibilidad de expresar las ideas, y a todo lo que puede resumirse en el anhelo de ser felices. Pero además de derechos se dan deberes éticos, que tienen que ver con la «construcción de nosotros mismos», es decir con la «fortaleza». La fortaleza del cuerpo es la salud, pero la fortaleza de la razón se despliega mediante la generosidad, el equilibrio, el buen juicio, la confianza, la fidelidad, la veracidad, la solidaridad, la amistad... Todas estas  virtudes puede apropiárselas cualquier persona, al margen de cuál sea su «puesto dentro de la sociedad», en principio. Todo aquello que quepa ser «distribuido» homogéneamente entre todas las personas apunta a un plano característico de relaciones, que llamaremos ético. La ética conforma el suelo más básico de la vida, y, en ese sentido, el más importante; aunque es insuficiente para convivir.

1. 3. 4. Consecuencias sobre la moral, diferente de la ética

Si nos limitáramos a vivir en familia y entre nuestro grupo de amigos deberían de prevalecer las relaciones éticas. Pero además formamos parte de una comunidad de vecinos, un instituto, una ciudad y un Estado. Tenemos que pagar unos impuestos que unos gobernantes han decidido - mal o bien - por nosotros; debemos cumplir unas normas cívicas que a veces no son las que más nos agradan, y cuando viajamos fuera de nuestro Estado no se nos pregunta si somos personas sino que quieren ver nuestro pasaporte y comprobar que, además de personas, somos españoles, portugueses, marroquíes, bolivianos o chinos. Mientras que las cuestiones éticas podrían funcionar relativamente distantes de las políticas, los problemas morales se hallan totalmente entrelazados con los políticos. Desde un punto de vista ético todos los extranjeros que visitan tu ciudad los consideras iguales, es decir, personas. Pero la policía de tu ciudad –que actúa también en tu nombre como ciudadano del Estado– a uno lo verá como ciudadano, a otro como turista, a otro como emigrante legal, a otro como «sin papeles», e, incluso, a otro como terrorista.

 

Las relaciones éticas se dan realmente entre personas allegadas, pero pueden darse, además, intencionalmente, extendiendo al límite el campo ético, entre todos los seres de la humanidad en cuanto que tienen derecho a la vida y a todos los demás bienes éticos en términos de igualdad. Las relaciones morales se inscriben necesariamente dentro de grupos «cerrados» que tienen la potencia de «socializar» mucho más a los individuos componentes. Cuando uno defiende una ideología política, pertenece a una iglesia o a un club de fútbol, cuando se decide a participar en una manifestación para reclamar un derecho «social»..., el campo en el que se actúa es el de la moral, porque aquí los individuos no cuentan directamente en tanto personas individuales sino en tanto que partes de un grupo, el cual es quien asume el protagonismo. Cuando voto en unas elecciones estoy actuando éticamente en cuanto que libre, pero también moralmente, porque lo que importa de mi voto es que va a sumarse a una opción que defenderán unos representantes, quienes seguirán un programa y unos principios político-morales que son los que me han convencido. Mi voto individual, una vez depositado, queda fundido en un todo moral y se puede decir que, si la opción política elegida comete graves errores, quien la ha votado es moralmente responsable, aunque haya actuado, éticamente, de forma correcta.

 

2. Moral y normas

Los valores morales han de perseguir lo mejor para todos los seres humanos, aunque estos valores no caben ser universalizados, como los éticos, porque hay muchas morales diversas y enfrentadas. El encaje social de todos estos intereses medidos a través de normas comunes es la tarea de la Justicia. Los asuntos morales tienen que ver todos con la justicia de forma más o menos directa. La vida en el interior de un grupo moral se rige por unas normas. Si las normas se cumplen hay justicia, si se incumplen injusticia. Pero las normas tienen la función de ser lo más útiles posibles a la vida del grupo, por lo que las normas pueden quedar desfasadas y ser «injustas»; eso quiere decir que la justicia residirá ahora en el replanteamiento de nuevas normas que habrá que promover a través de conductos sociales. La moralidad se da, así, en tensión constante entre el cumplimiento de las «buenas normas» sociales y la búsqueda de normas mejores a medida que se hacen necesarias.

 

3. La política dentro del mundo de los valores

La política tiene como fin la supervivencia de la sociedad en su conjunto en cuanto constituye un Estado. Para que la sociedad política perviva es preciso establecer un buen orden general, que llamaremos eutaxia (buen orden). Ahora bien, este «buen orden» no es exactamente equivalente al «orden bueno» que dimana de la búsqueda de la justicia. La eutaxia busca el buen orden general pero puede realizarlo contra el bien de una parte de la sociedad o de individuos concretos. La justicia social, como concepto moral, no puede prescindir de referirse a todos y a cada uno de los ciudadanos (si no sería injusto), pero materializar esta justicia es algo siempre difícil y en continuo desequilibrio. Por ello, la sociedad civil y el Estado comparten un mismo interés, aunque desde lógicas distintas, y en ese sentido se van poniendo de acuerdo a través del Derecho, de las leyes. En el imperio de la ley el gobierno político ha de respetar las normas morales que han quedado ahí involucradas y, por otra parte, la sociedad civil alcanza un determinado punto de estabilidad en relación a su afán de justicia.


Actividad de aplicación sobre autonomía y heteronomía

1) Partiendo de los contenidos del apartado siguiente («¿Cómo puede perderse el equilibrio personal? ¿Cómo se pierde la prudencia?»), busca ejemplos de conductas primitivas, sectarias y de fanatismo. Aclara razonadamente por qué lo son.

2) Plantea un caso de alienación mental y resuélvelo razonadamente.

3) Plantea un caso de conducta primitiva y resuélvelo razonadamente.

4) Plantea un caso de conducta sectaria y resuélvelo razonadamente.

5) Plantea un caso de fanatismo y resuélvelo razonadamente.

 

-¿Cómo puede perderse el equilibrio personal? ¿Cómo se pierde la prudencia?

 

1. Autonomía y heteronomía. Conductas primitivas, alienación mental, fanatismo y conductas sectarias.

Como los deberes éticos y las obligaciones morales se realizan en planos distintos respecto al individuo, ética y moral, autonomía y heteronomía pueden tener relaciones contradictorias en la medida en que un sujeto puede verse obligado a la vez por deberes opuestos. Vamos a verlo con un ejemplo.

 

Como ciudadano tengo la obligación moral de hacer el servicio militar (o de alistarme en el ejército profesional) pues mi obligación moral va ligada a la defensa de mi país cuando pueda verse atacada su supervivencia y en este sentido soy moralmente heterónomo. Pero, por otro lado, este deber moral entra en conflicto con la norma ética fundamental que me obliga a proteger la vida de los demás y la mía propia. Mi autonomía ética me autoriza a declararme «objetor de conciencia» pero esto no quiere decir que quien cumple con el servicio militar sea un inmoral. ¿Qué postura es la correcta?

 

Hemos visto que en la vida real nos vemos obligados a actuar de una determinada manera y a tomar decisiones que afectan a otras personas y sobre las cuales tenemos responsabilidades pero, ¿podemos actuar siempre con firmeza, ser siempre justos en nuestras acciones? ¿Podemos vencer nuestros impulsos irracionales y alcanzar el autodominio sin el cual no es posible la autonomía ética? Nuestra sociedad moderna y pluralista en la que los códigos de conducta son diferentes y, a menudo, contradictorios, es caldo de cultivo para que proliferen individuos sin código ético ni moral alguno, auténticos «imbéciles morales» que actúan sin freno en sus acciones y de los que podríamos decir que han perdido la categoría de persona para ser meros individuos incapaces de asumir sus deberes ante la sociedad ni ante sí mismos. Son individuos alienados o escindidos del sistema de vida civilizado universalmente, que no necesariamente han de ser enfermos mentales, psicóticos, sino que se han instalado en la violencia como forma de vida o en el fanatismo político o religioso.

 

La conducta primitiva emerge en situaciones de crisis, aunque a veces bastan determinadas situaciones para liberarlas. Así, el receptáculo protector de un automóvil libera la agresividad del conductor civilizado, la excitación de la música tecno, el alcohol y las nuevas drogas de diseño conducen a un estado de trance hipnótico donde lo urgente se cambia por lo importante. El grupo de «hinchas» de un equipo de fútbol con las caras pintarrajeadas que acaban transformándose en skinheads les hace regresar a la violencia primitiva. Estos comportamientos los descubrimos todos los días en los   periódicos, en el vandalismo o en las agresiones racistas. Son personas desorientadas que van a la deriva, individuos privados de comportamiento ético y potenciados por una sociedad que tiende a la despersonalización, al mantenimiento de credos fáciles en perjuicio del conocimiento fundamentado y crítico. La sociedad ofrece al individuo inadaptado una gran variedad de sedantes: drogas, alcohol, tabaco, la liberación que proporciona el espectáculo (deportes, conciertos...) o la manipulación psicológica: «practique sofrología», «aprenda masaje relajante», «consiga un cuerpo perfecto», etc.

 

Otra forma de actuar es la violencia como forma de sobrevivir sin que exista justificación de la acción: «le he cogido la cazadora porque la necesitaba», «le he pegado porque no me gustaba su aspecto», «lo hemos matado porque así lo decidimos». Son formas de violencia vinculadas a la búsqueda de identidad por parte de un grupo o por individuos perdidos o desarraigados. Así es la violencia que emana de grupos neofascistas como los ultra, los skinheads o las bandas suburbanas que practican la violencia contra los extranjeros, inmigrantes y, en general, contra todos los que son diferentes.

 

Esta violencia presenta la característica de ser gratuita: se mata a un mendigo, a un inmigrante, se ataca a un centro de refugiados, a los hinchas del equipo contrario o a un viajero del metro cuyo aspecto no gusta a los agresores. Estos grupos carecen del mínimo programa moral, su única razón de existir consiste en exteriorizar su violencia contra los demás y su fundamento se encuentra en la incapacidad de estos individuos para orientarse en el sistema y construirse dentro de él una identidad. La violencia es, entonces, una forma de integración del grupo y de afirmación del sí mismo, a falta de otras posibilidades.

 

La violencia contra la persona extraña al grupo está precedida de su deshumanización, es decir, de su devaluación ética, así resulta mucho más sencillo golpearla, humillarla o matarla. Cuatro rasgos caracterizan a los causantes de este tipo de agresiones brutales: a) La falta de compromiso moral (valores antisociales); b) La falta de empatía ética, no son capaces de sentir ellos mismos el dolor psicológico del daño que están causando; c). La falta de autocontrol ético-moral. d) Autoestima elevada y distorsión de la realidad. Muchos se consideran personas excelentes y siempre tienen una buena razón para justificar lo que hacen: «el tipo se puso chulo», «le dije que se estuviera quieto, no quería herirle», «estamos limpiando el barrio».

 

2. 2. Fanatismo y lavado de cerebro.

Un signo de falta de firmeza es la pérdida de equilibrio personal, de confianza en uno mismo, que conduce unas veces a la depresión, al consumo de drogas, al consumismo desenfrenado o a la manipulación de la propia identidad a través de formas que van desde la cirugía estética, el «body building» o la adhesión a una secta. A través de grupos y asociaciones se busca crear identidades y referencias ficticias. Son situaciones que impiden vivir la vida de un modo autónomo y suponen dependencia y despersonalización como es el caso de quienes caen en manos de una secta.

 

Detrás de toda secta hay técnicas de manipulación mental con cuya aplicación se consigue un sometimiento total del individuo. Es lo que se conoce como «lavado de cerebro», pero el uso de estas técnicas no es suficiente para su captación, hace falta la predisposición del individuo. Todos somos influenciables pero la capacidad de rechazar a los persuasores es menor cuando la persona se encuentra sola, desinformada y desconectada de otros grupos. Jóvenes normales fueron inducidos a entrar en sectas cuando atravesaban alguna crisis personal o profesional. Los sectarios lo saben y por eso ofrecen a sus seguidores credos fáciles, promesas de amor incondicionado, nuevos poderes mentales y una vida más plena en una nueva sociedad. En marzo de 1997, 39 personas pertenecientes a la secta «Puerta del Cielo» (Heaven’s Gate) se suicidaron siguiendo las instrucciones de su líder. Debían mezclar un barbitúrico con zumo de manzana y prepararse para el encuentro con los extraterrestres. Creían que sus almas despegarían de la Tierra a bordo de un OVNI a remolque del cometa Hale-Bopp.

 

El fanatismo de muchos de sus miembros es un rasgo que caracteriza tanto a sectas como a grupos terroristas. El Fanático elimina su capacidad crítica, no cuestiona las bases de sus ideas y trata de imponerlas a los demás. Mediante el adoctrinamiento intensivo se logra crear una subcultura con actitudes y pautas de comportamiento en la que se radicalizan las creencias.

 

¿Cómo es posible autoengañarse tanto o dejarse engañar tan fácilmente? La psicología humana contiene mecanismos muy complejos y sutiles, de modo que en la misma medida que es muy potente también es muy quebradiza. Maduramos lentamente y en muchas vertientes, así que son posibles muchos desarreglos en esta maduración. La maduración ética exige una previa maduración psicológica paralela. Veamos unas de las teorías más potentes sobre el modo de maduración humana, donde las etapas psicológicas se correlacionan con la madurez ético-moral.

 

Temporalización  para los ejercicios de aplicación: 6 días.  Noviembre.

Prueba escrita: Resolver un caso práctico similar o igual a los analizados en clase y en el cuaderno.