IV. La filosofía contemporánea. El materialismo histórico: Marx. La crisis de la razón ilustrada: Nietzsche.La filosofía analítica y otras corrientes filosóficas del siglo XX. Bertrand Russell. La filosofía española.

 

 

 

IV.1. La filosofía contemporánea

 

 

 

La filosofía contemporánea abarca los siglos XIX y XX, hasta nuestros días. A partir de Kant, podemos hablar de un nuevo periodo histórico que se abre. Este tránsito coincide con el paso del Antiguo Régimen a los modelos modernos de Estado: parlamentarios y representativos. Característico del siglo XIX es la expansión de la revolución industrial y el auge del modo de producción capitalista. En paralelo, el triunfo social de la burguesía, que releva a las clases aristocráticas precedentes, va directamente ligado al impulso de las nuevas ideas políticas, como el liberalismo. Una nueva clase social, el proletariado, dará lugar a nuevos movimientos sociales: utopismos, sindicalismo, anarquismo, socialismo y comunismo. En el terreno científico y filosófico surgen las ideas evolucionistas (Lamarck, Darwin y Spencer) que reordenarán el modo de concebir la realidad. Ciencias como la biología, la geología, la psicología, la economía, la sociología y el electromagnetismo, y después, en el siglo XX, la moderna cosmología, la mecánica cuántica (Heisenberg, Bohr) y la teoría de la relatividad (Einstein) y los nuevos desarrollos de la matemática y de la lógica (Cantor, Frege, Russell, Wittgenstein, Hilbert) reconfiguran la visión del mundo y añaden a los progresos de las ciencias físico-naturales los de las ciencias humanas. Por otra parte, el paisaje social, geográfico, urbano y de las costumbres se ha visto revolucionado por un continuo avance tecnológico, desde el ferrocarril a la automoción por carretera y a la aviación, desde la electricidad a otras múltiples fuentes de energía; desde la radio, el telégrafo, el teléfono, la tv a las nuevas tecnologías de la información que pueden conectarnos con un mundo global en tiempo real. Toda esta complejidad se verá reflejada, como era de esperar, en profundos cambios del pensamiento filosófico.

 

Las filosofías del siglo XIX más relevantes serán: el idealismo alemán (posterior a Kant: Fichte, Schelling y Hegel), el positivismo (Comte), el positivismo utilitarista (John Stuart Mill), el materialismo histórico (Marx) y las filosofías de Schopenhauer, Kierkegaard y Nietzsche.

 

Entre el siglo XIX y XX vemos aparecer el pragmatismo (Peirce, W. James), el neokantismo (Cassirer) y el historicismo (Dilthey, Max Weber).

 

En el siglo XX, las filosofías más importantes son el neopositivismo y la filosofía analítica (que proliferan en los países anglosajones), donde encontramos a autores como Russell y Wittgenstein; también, y enfrentada a las anteriores, la fenomenología (Husserl, Max Scheler), junto a la filosofía de la vida (Bergson) y al existencialismo (Heidegger, Sartre, Merleau-Ponty). Además, las filosofías de la ciencia (Popper, Carnap), las corrientes marxistas y freudo-marxistas (Marcuse), el pensamiento feminista (Simone de Beauvoir), el estructuralismo (Foucault, Lacan), la hermenéutica (Gadamer), el neopragmatismo (Rorty) y la postmodernidad (Baudrillard).

 

Entre los filósofos españoles más destacados hemos de contar con Unamuno, Ortega y Gasset, Zubiri, María Zambrano, Sacristán y Gustavo Bueno.

 

 

 

IV.2. Hegel

 

 

 

Hegel comparte con Fichte y Schelling la idea de que el saber filosófico puede autofundarse a sí mismo de manera absoluta, borrando la diferencia kantiana ente fenómeno y noumeno y entre Hombre y Naturaleza: en Fichte con el idealismo subjetivo (el Yo nouménico fundamento de todo lo demás), en Schelling con el idealismo objetivo (concibiendo que es en la Naturaleza donde se desarrolla el espíritu absoluto) y en Hegel con el idealismo absoluto.

 

Para Hegel, lo absoluto del Ser (es decir la Idea y el Espíritu), se desarrolla conforme a una dialéctica impresa en la misma realidad (Lógica4 Naturaleza4 Espíritu) así como también en el desarrollo histórico del Espíritu (Espíritu subjetivo 4Objetivo 4 Absoluto). La realidad, la conciencia cognoscente del ser humano y la historicidad de las cosas quedan integradas baja la visión hegeliana.

 

Todo lo real es racional y todo lo real discurre dentro de una dialéctica escandida en tres momentos: tesis, antítesis y síntesis, de manera que cada síntesis pasa a constituirse en una nueva tesis de otro proceso dialéctico que se abre de nuevo.

 

Alcanzada la autoconciencia en el desarrollo del Espíritu subjetivo (Alma 4Conciencia 4 Espíritu; el Espíritu propiamente dicho, finalmente, de una voluntad libre), el Espíritu pasa a realizarse en un mundo de instituciones, normas y leyes. Los individuos se reconocerán en sus relaciones jurídicas, sociales y políticas: en el Derecho, en la Moralidad (el deber de Kant) y en la Eticidad. El concepto de Eticidad para Hegel significa que la libertad individual queda plasmada y solidificada en el orden social. Sólo dentro del Estado puede el individuo ser real y plenamente libre. El camino para llegar aquí se recorre históricamente a través de las instituciones de la Familia (basada en el amor), de la Sociedad civil (basada en la supervivencia de todos a través del interés económico) y del Estado. El Estado se constituye como el armonizador de los intereses particulares enfrentados. En el desarrollo histórico de los estados se ha progresado desde los estados despóticos que anulaban la libertad individual hasta el Estado moderno, donde las libertades individuales pueden quedar armonizadas bajo las leyes comunes, que son la expresión del Espíritu del pueblo. Después de que el Espíritu se ha realizado en un mundo ético-social, puede volver a un autoconocimiento de sí más profundo, a través de los tres estratos en que se expresa el Espíritu Absoluto: el Arte, la Religión y la Filosofía. El Arte bajo la forma sensible de la belleza, la Religión en forma de pensamiento figurativo y la Filosofía de manera puramente conceptual. La religión histórica más madura es el cristianismo y la Filosofia verdadera, tras toda la historia de la filosofía desde los griegos, que es un avance a través de una verdad cada vez más plena, queda representada en el Idealismo Absoluto del sistema dialéctico del propio Hegel.

 

El marxismo se nos presenta como una de las herencias fundamentales de Hegel y, a la vez, como un enfrentamiento radical a este idealismo alemán. Marx conservará el método dialéctico y la visión historicista, pero renegará del Espíritu, sustituyéndolo por el mundo de la materia, que en la escala de las relaciones humanas habrá que traducir por las condiciones materiales de existencia de las distintas sociedades. El método dialéctico hegeliano quedará corregido pues la síntesis no es tanto un momento de conservación superadora (Aufhebung) de la tesis y la antítesis cuanto un momento de anulación de las contradicciones anteriores: el proceso no es de conservación sino de destrucción; el Estado no se perfecciona en un Espíritu objetivo sino que tendrá que desaparecer para dejar paso a una sociedad autogestionada.

 

 

 

 

 

Marx

 

 

 

Actividades sobre Marx:

 

 

 

1. Elabora este tema sobre Marx:

 

 

 

1) Ideas centrales del materialismo histórico.

 

 

 

2. Elabora un repertorio léxico con los principales conceptos de la filosofía de Marx o referidos a ella (sigue las indicaciones de tu profesor): Materialismo. Materialismo histórico. Materialismo dialéctico. Materialismo / Idealismo. Crítica del idealismo hegeliano. Estructura (o base o infraestructura). Superestructura. Modo de producción. Relaciones de producción. Relaciones sociales de producción. Capitalista / Proletariado. Fuerzas productivas. Medios de producción. Contradicciones históricas. Lucha de clases. Revolución social. Alienación. Plusvalía. Etc.

 

 

 

3. Resumen de textos. (Aquellos textos que el profesor te proponga).

 

Expresa la idea o ideas fundamentales del texto, sin citas excesivamente literales, y comenta su estructura conceptual y argumentativa.

 

 

 

4. Anota las dudas y cuestiones que quieras formular.

 

 

 

5. (Cuestión opcional) Expón tus propias reflexiones filosóficas en paralelo a los autores estudiados.

 

 

 

IV.3. El materialismo histórico. Marx

 

 

 

Karl Marx (1818-1883) nace en Tréveris (Alemania). Estudia Derecho en Bonn y Berlín. Comienza de modo autodidacta su formación filosófica, pues «sin un sistema filosófico no se puede entender nada». Entra en el círculo de la «izquierda hegeliana», enfrentados a la «derecha hegeliana», y junto a Feuerbach comienza una crítica radical contra la religión. Influido por el pensamiento de los socialistas utópicos (Owen, Fourier, Saint-Simon), pasa a criticarlos por su ingenuidad; conoce a los anarquistas (Proudhon, Bakunin), con los que coincide en la necesidad de un cambio en las estructuras de poder de la sociedad, pero se distancia de ellos en la forma de concebir los métodos que habrán de llevar al triunfo de la revolución.

 

Sus grandes aportaciones son: 1º) una serie de obras donde se distancia de la «izquierda hegeliana» para construir su propio sistema de ideas:  Crítica a la filosofía del Estado de Hegel (1843), La Sagrada Familia (1845), Tesis sobre Feuerbach (1845), La ideología alemana (1846). 2º) La elaboración del materialismo histórico a través de estudios sociales, económicos y filosóficos: Manifiesto comunista (1848); desde 1851 trabaja sin descanso en la biblioteca del Museo Británico, en medio de penurias económicas (que consigue ir esquivando gracias a la ayuda económica que recibe de Engels) y de una familia cada vez más numerosa; finalmente aparece la Contribución a la crítica de la economía política (1859). Conoce la obra de Darwin en 1860, que interpreta como una confirmación de su sistema de ideas dialéctico y materialista. En 1864 funda junto con otros revolucionarios la Primera Internacional. Su obra más importante, El Capital, aparece en 1867 (sólo el primer libro). Muere en Londres el 14 de marzo de 1883.

 

Frente al socialismo utópìco propone el socialismo científico. Frente al  anarquismo defiende el comunismo (los dos polos de la Primera Internacional). Frente al capitalismo el socialismo. Frente al Estado opresor una sociedad sin clases. Y, en suma, frente al idealismo y a la economía político-liberal, el materialismo histórico.

 

 

 

IV.3.1. Tesis del materialismo histórico.

 

 

 

El marxismo se extiende sobre tres planos complementarios: a) una teoría económica; b) una concepción del universo y de la vida; y c) una filosofía de la historia.

 

Engels, que fue el primer marxista, denominará a la filosofía de la historia con el nombre de «materialismo histórico», diferenciándolo de aquella teoría más amplia referida el conjunto de la realidad (que Engels desarrolla por su cuenta partiendo de Marx) y que llamará «materialismo dialéctico». En los dos casos se trata de una concepción materialista, que niega, primero, que la racionalidad de lo real suponga el desarrollo de espíritu alguno (el espíritu no existe, es una idea puramente metafísica e irreal), y segundo, niega que la historia sea una colección de hechos arbitrarios. La historia discurre según leyes deterministas, que el hombre puede conocer.

 

 

 

Los modos de producción. La condición fundamental de la historia es la producción de los bienes materiales para la supervivencia: toda la historia no puede sino obedecer a este principio elemental. Los hombres dependen, en las diferentes épocas históricas, no sólo de lo que producen sino también del modo específico de producción. A lo largo de la historia hemos visto aparecer distintos modos de producción: 1º) régimen de propiedad colectiva primitivo (comunismo primitivo); 2º) modo de producción asiática (aparece un modelo de propiedad privada donde todas las tierras y todos los súbditos son propiedad de un monarca despótico); 3º) modo de producción esclavista, correspondiente a las sociedades de Grecia y de Roma; 4º) modo de producción feudal, 5º) modo de producción burgués o capitalista, que se despliega con fuerza desde la sociedad feudal. El modo de producción capitalista es el último modo de producción, que ha llegado a su máxima expansión en el siglo XIX, y, según los análisis de Marx ha de ser sustituido por un modo de producción definitivo, que supere las contradicciones de la lucha de clases inherente al capitalismo, modo de producción que liberará al hombre de la alienación en que se halla y hará posible que, dejando atrás la atroz prehistoria de la humanidad, una nueva historia dé comienzo: el modo de producción de la sociedad socialista o comunismo, donde el principio regidor pasará a ser: «de cada uno según sus posibilidades y a cada uno según sus necesidades».

 

 

 

Fuerzas productivas y relaciones de producción. En el proceso de producción intervienen varios factores fundamentales: las fuerzas productivas y las relaciones de producción.

 

Las fuerzas productivas comprende tanto a) los medios de producción: objetos sobre los que se trabaja y medios de trabajo (instrumentos, máquinas, transportes, tierras, etc.); b) la fuerza de trabajo o energía humana empleada (donde se incluyen las habilidades y la preparación del obrero); y c) el producto.

 

Al trabajar y producir los hombres contraen entre sí un conjunto de relaciones de producción. Éstas no son estáticas, sino que se derivan del desarrollo histórico concreto de las fuerzas productivas y son la base de la historia y de la organización social. «Los hombres no eligen libremente sus relaciones sociales, sino que éstas vienen condicionadas por las fuerzas de producción existentes».

 

Las relaciones de producción tienen que ver con el régimen de propiedad dominante, con la división entre propietarios de los medios de producción y asalariados, con la diferenciación de las clases y, sobre todo, con algún tipo concreto de división del trabajo.

 

La división del trabajo ha adoptado múltiples formas a lo largo de la historia: a) primero en función de las características naturales de los productores, como la edad, el sexo y la fuerza; es lo que Marx llama la división naturaldel trabajo; b) la siguiente organización histórica pasa a ser la división en diferentes ramas de la producción: agrícola, comercial, etc. c) le sigue la división técnica del trabajo: el trabajador no produce por sí mismo el producto entero de su trabajo porque se ha especializado realizando operaciones parciales. Esto marca el comienzo de la alienación laboral, puesto que el productor no considera ya como suyo el producto; d) finalmente, el proceso se cierra con la división social del trabajo, consistente en que las diferentes tareas se realizan ya no según la habilidad del productor, sino según la situación social que los hombres tienen en la estructura social (los hijos de los aristócratas heredarán la situación y el trabajo de sus progenitores, y los hijos de los asalariados están llamados a ocupar los puestos productivos de sus padres; las pocas excepciones que puedan darse no son más que eso: excepciones). La división social del trabajo es la base sobre la que se ha edificado la propiedad privada, las diferencias de clase, el poder del Estado y la alienación del hombre.

 

 

 

La estructura de los modos de producción. Infraestructura y superestructura. Las fuerzas productivas y las relaciones de producción forman la estructura económica de la sociedad. Esta estructura económica es la base o infraestructura sobre la que se levanta toda una superestructura jurídica, política, religiosa, moral y, en general, ideológica y espiritual. La superestructura no es más que un reflejo de lo que impone la estructura económica y está totalmente condicionada por ella.

 

Dentro de la superestructura podemos distinguir dos niveles: la superestructura  jurídico-política y la superestructura ideológica. La primera está formada por el conjunto de normas, leyes e instituciones que reglamentan el funcionamiento de la sociedad. Estas instituciones vienen aseguradas por el aparato del Estado, el cual acomete una doble función: organizativa y administrativa de la sociedad y, en segundo lugar, una función represiva o de dominación por la que mantiene coercitivamente las condiciones de dominio de la clase dominante. De ahí que lejos de ser el instrumento de coordinación entre los conflictos sociales, como afirmaba Hegel, sea la suprema manifestación de la explotación del hombre por el hombre y de la dominación de una clase hegemónica sobre las demás.

 

La superestructura ideológica tiene que ver con la producción espiritual de una sociedad, con sus ideas morales, religiosas, estéticas, filosóficas... que trasmiten una visión de la realidad impuesta por la clase dominante y moldean así las conductas individuales plegándolas al papel que han de desempeñar en la sociedad. Por ejemplo, la religión permite la preservación de las relaciones económico-sociales existentes, haciéndolas aceptar como voluntad de Dios, o como deber moral. «La religión es el opio del pueblo». Por esto, el término ideología tiene en Marx un sentido negativo porque no proporciona un adecuado conocimiento de la realidad social sino un conocimiento falseado, deformado, presentando el interés particular de una clase como el interés general de la sociedad.

 

La estructura económica tiene siempre primacía sobre la superestructura hasta el punto de que determina su comportamiento. Se daría así pues una especie de determinismo económico, pero al hombre le cabe la posibilidad de comprender las leyes de funcionamiento histórico de la economía y esperar a que se den las condiciones para llevar a cabo una revolución del modo de producción capitalista; para ello es preciso que el proletariado se arme con una conciencia de clase y que llegue a entender su protagonismo en el cambio social. Entonces esta ideología de clase sí llegará a tener una resonancia en la conducción del cambio del modo de producción, cambio que no podrá ejecutarse no obstante hasta que no se den todas las condiciones necesarias, es decir, hasta que las contradicciones del sistema capitalista se hayan agudizado tanto que ya no pueda rearmarse contra las fuerzas del trabajo organizadas para la revolución.

 

La Lucha de clases. Para Marx el motor de la historia se mueve por la mediación de las contradicciones que operan entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, que se manifiestan en la lucha de clases, que puede ser bien latente o bien manifiesta según el nivel de desarrollo de ambos factores.

 

Lo que posibilita el paso de una forma social a otra es una revolución social. La historia experimenta épocas de cambio brusco, de rupturas en las que se revelan de forma violenta las contradicciones acumuladas en una sociedad: son las revoluciones. Éstas son favorecidas por una serie de condiciones objetivas que las hacen posibles, aunque siempre es necesario que haya una clase social que tome conciencia de estas condiciones objetivas y realice la revolución.

 

Las condiciones objetivas que favorecen la revolución social radican en la estructura económica, base de todos los fenómenos sociales: el desarrollo de las «fuerzas productivas» de una sociedad acaba siempre rebasando el estrecho marco en que las antiguas «relaciones de producción» y «relaciones de propiedad» y entran en contradicción con ellas. Esta contradicción sólo puede resolverse disolviendo las antiguas «relaciones de producción» y creando otras nuevas que respondan mejor al nuevo grado de desarrollo de las «fuerzas productivas».

 

Todo modo de producción desarrolla por sí mismo las fuerzas que le permiten superar esta contradicción, pues, como consecuencia de la división del trabajo y del régimen de propiedad existente, surge una clase social menos favorecida y que es la que hará la revolución contra la clase dominante: es la lucha de clases, que se da tanto a nivel económico como político e ideológico. La nueva clase presenta sus intereses como los de la sociedad en general e instaura un nuevo régimen económico-social y, en consecuencia, una nueva superestructura ideológica.

 

«La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases»: es la que permite la sucesión de las formaciones sociales que nos presenta la historia. Marx reduce todo conflicto que aparece en la sociedad a la lucha de clases que se está llevando a cabo.

 

 

 

El modo de producción capitalista y la revolución del proletariado. Marx analiza sobre todo la aparición de la sociedad burguesa a partir del modo de producción feudal y su superación por la socialista debido a sus contradicciones internas.

 

Las principales contradicciones del capitalismo son:

 

1) Con el capitalismo, la producción individual característica de la sociedad feudal (artesanos y pequeños labradores) basada en la propiedad privada del trabajador sobre sus medios de producción, fue siendo sustituida progresivamente por una producción colectiva (manufacturas, grandes fábricas, industrias) pero sin embargo la propiedad de los medios de producción continúa siendo privada. A pesar de ser un resultado del trabajo colectivo, la mercancía se convierte en propiedad privada del propietario de los medios de producción.

 

La contradicción interna del modo de producción capitalista entre la producción social y la apropiación capitalista produce de forma inevitable el antagonismo entre el proletariado y la burguesía.

 

2) Las características del capitalismo conducen a situaciones y conflictos contradictorios. Predomina la anarquía en la producción social: no se sabe ni qué artículos ni qué cantidad son necesarios..., y se impone la ley de la competencia, de la oferta y la demanda.

 

3) El perfeccionamiento de la maquinaria da paso a «obreros disponibles», es decir, al paro, y aparece mano de obra muy barata, peores condiciones de trabajo, creciente explotación y miseria en el proletariado.

 

4) Se desencadena una superproducción que al estancar productos sin salida da lugar a las crisis económicas típicas del capitalismo; crisis que se convierten en periódicas, pues no pueden solucionarse sin extender los mercados, y por tanto, preparando otras crisis más extensas, mundiales, de mayores proporciones.

 

El sistema capitalista genera, según Marx, contradicciones que le llevan a su ruina. Es el propio capitalismo el que crea la fuerza capaz de suprimirlo: el proletariado, cuya miseria y explotación le hace cobrar conciencia de la necesidad de revolucionar el modo de producción existente. Lo que el «socialismo científico» de Marx y Engels pretende es infundir al proletariado, a la clase llamada a hacer esta revolución, la conciencia de las condiciones históricas y de la naturaleza de su propia acción protagonista.

 

La solución para que encaje el modo de producción social con su forma de apropiación capitalista no es otra que el comunismo, es decir, el reconocimiento del carácter social de las fuerzas productivas y, por tanto, la armonización de ambas partes del proceso: el modo de producción (social) y la forma de apropiación (privada). Para ello no cabe más camino que la toma del poder por parte del proletariado, instaurando así la «revolución del proletariado», la cual, desde el poder del Estado, irá destruyendo las condiciones del régimen capitalista de producción: la división social del trabajo, la propiedad privada de los medios de producción y la anarquía económica, que se combatirá con la planificación social de la economía. Estas medidas acabarán también con la división en clases y las luchas de clases y, en fin, con el propio Estado, que se extinguirá progresivamente como algo innecesario. La «dictadura del proletariado» es sólo una fase transitoria hacia la sociedad sin clases, en la que el régimen de producción está al servicio del hombre y no el hombre al servicio del régimen de producción. Una sociedad que permita el «despliegue de las fuerzas humanas que se considera como fin en sí mismo».

 

La antropología de Marx señala: 1) el hombre, como indica Darwin, es un ser natural en construcción, en evolución. 2) el hombre se define históricamente en función del trabajo; lo esencial no es el saber teórico sino la praxis. La historia de la humanidad discurre pegada a la historia del trabajo. Por otra parte, «La filosofía hasta ahora se ha dedicado a interpretar el mundo, ya es hora de cambiarlo». 3) El hombre es un ser social alienado, que puede llegar a liberarse en una sociedad socialista. 4) La alienación es de raíz económica, pero desde ahí surge también una alienación jurídico-política (no hay verdadera libertad en el Estado hegeliano), una alienación filosófica y religiosa (la religión engaña tranquilizando como el opio y la filosofía interpreta la realidad para justificar la superestructura y, en definitiva, la estructura económica).

 

 

 

IV.3.2. Conceptos económicos de El Capital

 

 

 

1) Valor de uso: el valor de uso de cualquier mercancía viene determinado por la suma de el capital variable y el capital constante: a) el capital variable (lo que gasta el capitalista para pagar el sueldo a los proletarios que producen dicha mercancía); b) el capital constante: es la parte proporcional que a cada producto le corresponde de lo que el capitalista ha invertido en materias primas, maquinaria, tierras, etc.

 

2) El valor de cambio es el valor efectivo en el mercado según la ley de oferta y demanda. Esto explica que en el sistema capitalista, éste se va enriqueciendo por dos motivos: a) el salario o capital variable que paga el capitalista es menor que lo que ha producido el trabajador con su fuerza de trabajo. Por tanto el capitalista se está quedando con parte de lo que le correspondería al trabajador. Sólo paga lo justo para que los obreros sigan con vida; b) además, el valor de cambio o el precio de mercado que el capitalista pone a su producto es mayor que el valor de uso, es decir, lo que en total le ha costado. A esta diferencia entre el valor de uso y de cambio con que se queda el capitalista llama Marx plusvalía.

 

La plusvalía absoluta es el beneficio obtenido de más a base de más trabajo. Ésta ha sido siempre la pretensión más general del capital.

 

La plusvalía relativa es el beneficio de más obtenido a través de un trabajo mejor organizado o con mejores medios técnicos. Pero las ventajas que reporta esta plusvalía relativa no se utilizan para mejorar la condición de vida del trabajador sino para incrementar los beneficios del capital.

 

La explotación del capitalista hacia los trabajadores se halla en relación directa con el fenómeno de la plusvalía. La plusvalía es una consecuencia de la estructura económica de la sociedad capitalista, al mismo tiempo que explica el proceso de la acumulación del capital.

 

Marx también hace hincapié en el tiempo libre. Al capital no le interesa el tiempo libre sino sólo el necesario para que el trabajador se recupere y vuelva de nuevo a trabajar. Además, el capital tiene una idea moralizante del trabajo. Frente a esta situación al obrero no le queda otro remedio que venderse como mercancía, si quiere sobrevivir dentro de la sociedad capitalista. El Estado acude en ayuda de los intereses del capitalista (que es la libre competencia, la máxima producción y la acumulación de capital) y se opera la despoblación del medio rural mientras que crece el urbano. Marx coincide con la teoría económica liberal en algún punto, cuando por ejemplo afirma que es la búsqueda del interés individual el principio básico de la producción económica.

 

IV.3.3. El «Prefacio» a la Contribución a la Crítica de la Economía política

 

CARLOS MARX

 

Prefacio[1] a la CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA

 

DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

 

 

 

Examino el sistema de la economía burguesa en el orden siguiente: capital, propiedad agraria, trabajo asalariado, Estado, comercio exterior, mercado mundial. Bajo las tres primeras rúbricas estudio las condiciones económicas de vida de las tres grandes clases en que se divide la sociedad burguesa moderna; la interconexión de las tres restantes salta a la vista. La primera sección del libro primero, que trata del capital, se compone de los capítulos siguientes: 1) la mercancía; 2) el dinero o la circulación simple; 3) el capital en general. Los dos primeros capítulos forman el contenido del presen-te fascículo. Tengo ante mis ojos todos los materiales en forma de monografías escritas con largos intervalos para mi propio esclarecimiento y no para su publicación; la elaboración sistemática de las mismas conforme al plan indicado dependerá de circunstancias externas.

 

Prescindo de una introducción general1 que había esbozado, porque, bien pensada la cosa, me parece que el anticipar los resultados que todavía han de demostrarse podría ser un estorbo, y el lector que quiera realmente seguirme deberá estar dispuesto a re-montarse de lo singular a lo general. Sin embargo, me parece oportuno dar aquí algunas indicaciones sobre la trayectoria de mis propios estudios de Economía política.

 

Aunque el objeto de mis estudios especializados fue la jurisprudencia, la consideraba sólo como una disciplina subordinada al lado de la filosofía y la historia. En 1842-1843, siendo director de la Rheinische Zeitung[2], me vi por primera vez en la embarazosa obligación de pronunciarme sobre lo que se llama intereses materiales. Las deliberaciones del Landtag renano sobre la tala furtiva y el fraccionamiento de la pro-piedad agraria, la polémica oficial sostenida entre el señor von Schaper, entonces gobernador de la provincia renana, y la Rheinische Zeitung acerca de la situación de los campesinos de la Mosela, y, finalmente, los debates sobre el librecambio y las tarifas proteccionistas me dieron los primeros impulsos para ocuparme de cuestiones económi-cas1. Por otra parte, en esa época, cuando las buenas intenciones de "adelantarse" superaban con mucho el conocimiento de la materia, la Rheinische Zeitung dejaba traslucir un eco, ligeramente teñido de filosofía, del socialismo y el comunismo franceses.

 

Me pronuncié contra ese diletantismo, pero al propio tiempo confesé francamente, en una controversia con la Allgemeine Augsbürger Zeitung[3], que mis estudios hasta entonces no me permitían arriesgarme a expresar juicio alguno sobre el tenor mismo de las tendencias francesas. Aproveché con apresuramiento la ilusión de los dirigentes de la Rheinische Zeitung, quienes esperaban que suavizando la posición del periódico iban a conseguir la anulación de la sentencia de muerte pronunciada contra él, para abandonar el escenario público y retirarme a mi cuarto de estudio.

 

El primer trabajo que emprendí para resolver las dudas que me asaltaban fue una revisión crítica de la filosofía hegeliana del Derecho, trabajo cuya introducción apareció en 1844 en los Deutsch-Französische Jahrbücher3, publicados en París.Mis indagaciones me hicieron concluir que tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden ser comprendidas por sí mismas ni por la pretendida evolución general del espíritu humano, sino que, al contrario, tienen sus raíces en las condiciones materiales de vida, cuyo conjunto Hegel, siguiendo el ejemplo de los ingleses y franceses del siglo XVIII, abarca con el nombre de "sociedad civil", y que la anatomía de la sociedad civil debe buscarse en la Economía política. Comencé el estudio de esta última en París y lo proseguí en Bruselas, adonde me trasladé en virtud de una orden de expulsión dictada por el señor Guizot. El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, sirvió de guía a mis estudios puede formularse brevemente como sigue:

 

En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a un determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. Estas relaciones de producción en su conjunto constituyen la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se erige la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social.

 

El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, político y espiritual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. En cierta fase de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o bien, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad en el seno de las cuales se han des-envuelto hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se transforma más o menos rápidamente toda la superestructura inmensa. Cuando se examinan tales transformaciones, es preciso siempre distinguir entre la transformación material -que se puede hacer constar con la exactitud propia de las ciencias naturales- de las condiciones de producción económicas y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en breve, las formas ideo-lógicas bajo las cuales los hombres toman conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Del mismo modo que no se puede juzgar a un individuo por lo que piensa de sí mismo, tampoco se puede juzgar a semejante época de transformación por su conciencia; es preciso, al contrario, explicar esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Una formación social no desaparece nunca antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen relaciones de producción nuevas y superiores antes de que hayan madurado, en el seno de la propia sociedad antigua, las condiciones materiales para su existencia. Por eso la humanidad se plantea siempre únicamente los problemas que puede resolver, pues un examen más de-tenido muestra siempre que el propio problema no surge sino cuando las condiciones materiales para resolverlo ya existen o, por lo menos, están en vías de formación. A grandes rasgos, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el burgués moderno pueden designarse como épocas de progreso en la formación social económica. Las relaciones de producción burguesas son la última forma antagónica del proceso social de producción, antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que emana de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para resolver dicho antagonismo. Con esta formación social se cierra, pues, la prehistoria de la sociedad humana.

 

Federico Engels, con quien mantuve un constante intercambio escrito de ideas desde la publicación de su genial esbozo sobre la crítica de las categorías económicas[4](en los Deutsch-Französische Jahrbücher[5]), había llegado por una vía distinta (cf. su libro La situación de la clase obrera en Inglaterra) al mismo resultado que yo, y cuando, en la primavera de 1845, se instaló asimismo en Bruselas, acordamos formular nuestra concepción como antítesis de la concepción ideológica de la filosofía alemana, en realidad saldar las cuentas con nuestra conciencia filosófica anterior. Este propósito se realizó bajo la forma de una crítica de la filosofía posthegeliana. El manuscrito, dos gruesos volúmenes en octavo[6], se encontraba hacía ya mucho tiempo en manos del editor en Westfalia, cuando nos enteramos de que algunas circunstancias nuevas impedían su publicación. Abandonamos el manuscrito a la crítica roedora de los ratones con tanto mayor gusto por cuanto habíamos alcanzado nuestra meta principal: dilucidar nuestras propias ideas. De los trabajos sueltos en que presentamos por aquel entonces al público uno u otro aspecto de nuestros puntos de vista, mencionaré solamente el Manifiesto del Partido Comunista, que Engels y yo escribimos en común, y el Discurso sobre el librecambio, publicado por mí. Los puntos decisivos de nuestra concepción fueron delineados por primera vez científicamente, si bien bajo una forma polémica, en mi trabajo Miseria de la filosofía, publicado en 1847 y dirigido contra Proudhon. La revolución de febrero y, como consecuencia, mi traslado forzoso de Bélgica interrumpieron la publicación de un ensayo sobre el Trabajo asalariado, en el que recogía las conferencias que había dado sobre este particular en la Asociación Obrera Alemana de Bruselas[7].

 

La publicación de la Neue Rheinische Zeitung[8], (1848-1849) y los sucesos posteriores interrumpieron mis estudios económicos, que sólo pude reanudar en 1850 en Londres. La prodigiosa documentación sobre la historia de la Economía política acumulada en el Museo Británico, el puesto tan cómodo que Londres ofrece para la observación de la sociedad burguesa y, por último, la nueva fase de desarrollo en que parecía entrar ésta con el descubrimiento del oro de California y Australia, me indujeron a volver a empezar desde el principio, estudiando a fondo, con un espíritu crítico, los nuevos materiales. Esos estudios me condujeron, en parte por sí mismos, a cuestiones aparentemente aleja-das de mi tema y en las que debí detenerme durante un tiempo más o menos prolonga-do. Pero lo que sobre todo mermaba el tiempo de que disponía era la imperiosa necesidad de ganar mi sustento. Mi colaboración desde hace ya ocho años en el primer periódico angloamericano, el New York Daily Tribune[9], implicó una fragmentación extraordinaria de mis estudios, ya que me dedico a escribir para la prensa correspondencias propiamente dichas sólo a título de excepción. Sin embargo, los artículos sobre los acontecimientos económicos descollantes en Inglaterra y el continente formaban una parte tan considerable de mi colaboración que me veía constreñido a familiarizarme con detalles prácticos no pertenecientes al dominio de la propia ciencia de la Economía política.

 

Este bosquejo sobre el curso de mis estudios en el terreno de la Economía política sólo tiende a mostrar que mis puntos de vista, júzguese de ellos como se juzgue y por poco que sean conformes a los prejuicios interesados de las clases dominantes, son el fruto de largos años y de concienzuda investigación. Y en el umbral de la ciencia, como en la entrada del infierno, debiera exponerse esta consigna:

 

"Qui si convien lasciare ogni sospetto;

 

Ogni viltá convien che qui sia morta"[10].

 

Carlos Marx

 

Londres, enero de 1859

 

 

 

IV.3.4. Aclaraciónal  PREFACIO :

 

Marx escribió su Contribución a la crítica de la Economía política entre agosto de 1858 y enero de 1859.

 

Investigó a fondo las leyes económicas del movimiento de la sociedad capitalista, habiendo estudiado un sinnúmero de obras de Economía política, fuentes, documentos oficiales, etc.

 

En el célebre Prefacio del libro se da la fórmula clásica de la concepción materialista de la historia y se determina la esencia de la teoría del materialismo histórico. Marx puso de manifiesto que las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción que surgen en una fase determinada de desarrollo de la sociedad clasista son la causa principal de las revoluciones sociales, de la sustitución revolucionaria de una formación socioeconómica por otra más progresista.

 

 

 

Plan del Prefacio

 

Aunque Marx tenía pensado incluir un resumen general de sus ideas en el prólogo, desiste de ello pues considera que adelantar los resultados no será nada útil puesto que así el lector no podría hacerse idea del fundamento científico de sus teorías. Es decir, reclama al lector que sea capaz de remontarse desde lo particular, desde los casos históricos que analiza, hasta lo general, esto es, las leyes históricas que extrae de ellos. Por tanto, va a dedicar el prólogo a la trayectoria de sus estudios de Economía Política.

 

Revisión crítica de la filosofía hegeliana del derecho. Anales franco-alemanes, 1844, París. La Economía Política como fundamento: Mi primer trabajo, emprendido para resolver las dudas que me asaltaban, fue una revisión crítica de la filosofía hegeliana del derecho, trabajo cuya introducción vio la luz en 1844 en los Anales franco alemanes, que se publicaban en París. Mi investigación desembocaba en el resultado de que, tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu, sino que radican, por el contrario, en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de la “sociedad civil” y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la Economía política.

 

Como vemos, según Hegel, las relaciones jurídicas (el Derecho) y las formas del Estado depende de la evolución general del Espíritu: son etapas dentro del desenvolvimiento del Espíritu objetivo. Sin embargo, para Marx, la evolución del Derecho y el Estado depende de las condiciones materiales de vida a las que Hegel llamó “sociedad civil” y cuya esencia (anatomía) hay que buscarla en la Economía Política. Esto es, el fundamento de la evolución del Derecho y el Estado está en la Economía Política y no en la dialéctica del Espíritu.

 

 

 

Tesis centrales del materialismo histórico

 

Marx es expulsado de París y recala en Bruselas. Allí concluye las principales tesis del materialismo histórico. Estas son:

 

• En la producción social de su vida, en el trabajo, los hombres contraen, de forma involuntaria y necesaria, unas relaciones de producción. Dichas relaciones de producción dependen del desarrollo de las fuerzas materiales productivas. Es decir, el grado de desarrollo de las fuerzas productivas materiales o medios de producción determinan las relaciones de producción. Estas relaciones de producción son también relaciones de propiedad, es decir, dividen la sociedad entre quienes poseen los medios de producción (la clase dominante) y los que tienen que vender su fuerza de trabajo y ser tratados como mera mercancía.

 

• Las relaciones de producción y las fuerzas materiales productivas forman la infraestructura que genera la superestructura jurídica y política y todas las formas de conciencia social.

 

• Según sea la infraestructura así es el modo de producción y este condiciona toda la vida social, política y espiritual de una época. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino que es el ser social el que determina su conciencia. Por ejemplo, el protestantismo, una forma de conciencia, surge y se mantiene, porque favorece el desarrollo de las fuerzas productivas al suprimir todas las festividades tradicionales.

 

• El cambio social se produce cuando el avance de las fuerzas materiales productivas entra en conflicto con las relaciones de producción, o su expresión jurídica, las relaciones de propiedad. En el caso del capitalismo, por ejemplo, que ha generado el antagonismo burguesía (poseedora de los medios de producción) / proletariado (pura mercancía), el avance de las fuerzas materiales productivas producirá por sí mismo el pase a una sociedad sin clases. Las razones económicas de que esto ocurra son las siguientes: El sistema capitalista favorece el desarrollo de las fuerzas productivas por la competencia que se produce entre los capitalistas. Tal competencia fuerza al capitalista a invertir en avance tecnológico el cual disminuye los costes y aumenta la producción. Pero el objetivo del capitalista no es el aumento de las fuerzas productivas en sí mismo sino la obtención de capital. De este modo, llega un momento en que el desarrollo de las fuerzas productivas entra en contradicción con el modo de producción capitalista. Esto se refleja en las crisis del capitalismo. En ellas, se bajan los salarios o se destruye la mercancía: en ambos casos, no se está favoreciendo el desarrollo de las fuerzas productivas aunque se obtienen beneficios económicos. Tras las crisis muchos capitalistas quiebran y la riqueza se concentra cada vez en menos manos. Con ello aumenta el número de proletarios, el potencial revolucionario. En un lenguaje dialéctico puede decirse que el capitalismo lleva dentro de sí su negación, la sociedad sin clases.

 

• El cambio de la base económica obliga al cambio de toda la superestructura erigida sobre ella. Dichas revoluciones pueden ser estudiadas de manera científica atendiendo a los cambios materiales ocurridos en ellas, esto es, atendiendo al conflicto entre relaciones de producción y fuerzas materiales productivas. No hay que estudiar tales revoluciones atendiendo sólo a la evolución de las formas ideológicas (jurídicas, políticas, artísticas o filosóficas).

 

• No es posible que surja un cambio social si antes no han madurado las fuerzas productivas materiales. Esta es la crítica al socialismo francés de Proudhon. No vale con imaginar utopías o mundos felices porque el cambio social depende de leyes científicas ajenas a las voluntades individuales. El capitalismo es un momento necesario para el tránsito al socialismo puesto que sólo el capitalismo puede llevarnos hasta ese desarrollo de las fuerzas productivas que hace posible el socialismo.

 

Así, a lo largo de la historia se han producido cambios en las fuerzas materiales productivas que han dado lugar a los distintos modos de producción: asiático, antiguo, feudal y burgués. Tras el burgués, como ya dijimos, finaliza el antagonismo de las clases sociales y se entra en una etapa comunista: la humanidad abandona su prehistoria, finaliza la explotación del hombre por el hombre.

 

Defensa del carácter científico del materialismo histórico

 

Este esbozo sobre la trayectoria de mis estudios en el campo de la Economía política tiende simplemente a demostrar que mis ideas, cualquiera que sea el juicio que merezcan, y por mucho que choquen con los prejuicios interesados de las clases dominantes, son el fruto de largos años de concienzuda investigación. Y a la puerta de la ciencia, como a la puerta del infierno, debiera estamparse esta consigna: Qui si convien lasciare ogni sospetto; Ogni viltá convien che qui sia marta ‘.     Déjese aquí cuanto sea recelo; Mátese aquí cuanto sea vileza. (Dante: La divina comedia.).

 

 

 

MARX: TÉRMINOS

 

Materialismo histórico. Materialismo dialéctico. Modo de producción (asiático, esclavista, feudal, burgués-capitalista, socialista). Estructura económica (infraestructura). Superestructura (jurídico-política e ideológica). Fuerzas de producción. Fuerza de trabajo. Relaciones de producción. Propiedad privada de los medios de producción. Socialismo utópico. Dialéctica. Hegelianos de izquierda. Primera Internacional. División del trabajo. Lucha de clases. Revolución social. El Estado en Marx frente a Hegel. El materialismo marxista frente al idealismo hegeliano. Plusvalía (absoluta y relativa). Valor de uso y valor de cambio.

 

MARX: MATERIALISMO HISTÓRICO. ESQUEMA


TEXTO MARX MODELO PAU





ESTRUCTURA DE UN TEXTO FILOSÓFICO

 

A+ B+ C

 

 

 

A)

 

1º) Texto DE un autor o SOBRE un autor.

 

 

 

B)

 

2º) Conceptos o tesis principales que aparecen.

 

3º) Modo de conexión de esos conceptos: se describe el modo particular cómo en ese texto se estructura la unión de las distintas tesis fundamentales (o conceptos).

 

 

 

C)

 

4º) El texto será en general siempre de carácter expositivo: exposición de ideas.

 

5º) Además de ser expositivo, puede suceder que sea clasificatorio o historiográfico (conecta ideas en su devenir histórico…) o argumentativo…

 

6º) La argumentación puede ir dirigida sobre todo a criticar tesis contrarias… (argumentación crítica); o también a establecer conclusiones desde premisas que se defienden y proponen (argumentación asertiva)…

 

7º) Se puede, además, señalar, según sea el caso, que se trata de una estructura mixta: ni puramente expositiva ni puramente argumentativa. Y puede contener partes analíticas (si establece apartados o características dentro de…) o partes sintéticas (si extrae principios generales o tesis condensadas…).

 

8º) La argumentación puede tener además un claro carácter deductivo o inductivo o mixto…

 

 

 

 

 



[1]Trátase de la Introducción inacabada que Marx escribió para un libro voluminoso sobre economía.

[2]Rheinische Zeitung für Politik, Handel und Gewerbe (Periódico del Rin sobre política, comercio e in-dustria): diario fundado por representantes de la burguesía renana opuesta al absolutismo prusiano y publicado en Colonia del 1 de enero de 1842 al 31 de marzo de 1843. Marx colaboró en este periódico a partir de abril de 1842, y desde octubre del mismo año fue uno de sus redactores. La Rheinische Zeitung publicó también varios artículos de Engels. Redactado por Marx, el periódico fue cobrando un carácter democrático y revolucionario cada vez más pronunciado. El Gobierno lo sometió a una censura severa y lo clausuró después.

[3]Allgemeine Zeitung (Gaceta General): diario reaccionario alemán fundado en 1789; de 1810 a 1882 apareció en Augsburgo. En 1843 publicó una falsificación de las ideas del comunismo y el socialismo utópicos.

[4]Se refiere al primer trabajo sobre economía de Engels titulado Esbozos para la crítica de la Economía política.

[5]Deutsch-Franzósische lahrbücher (Anales germano-franceses) se publicaron en París bajo la dirección de C. Marx y A. Ruge en alemán. Salió sólo el primer fascículo, doble, en febrero de 1844. Insertaba las obras de Marx Contribución al problema hebreo y Contribución a la crítica de la Filosofía hegeliana del Derecho. Introducción, así como las de Engels Esbozos para la crítica de la Economía política y La situación de Inglaterra. Tomás Carlyle. "Lo pasado y lo presente". Estos trabajos marcaban el paso definitivo de Marx y Engels de la democracia revolucionaria al materialismo y el comunismo. La causa principal de que esta revista dejara de aparecer fueron las discrepancias esenciales entre Marx y Ruge.

[6]Se trata del trabajo de Marx y Engels La ideología alemana.

[7]La Asociación Obrera Alemana de Bruselas fue fundada por Marx y Engels a fines de agosto de 1847 para dar instrucción política a los obreros alemanes residentes en Bélgica y propagar entre ellos las ideas del comunismo científico. Las actividades de la Asociación cesaron poco después de la revolución burguesa de febrero de 1848 en Francia, sus miembros fueron detenidos y expulsados por la policía belga.

[8]La Neue Rheinische Zeitung. Organ der Demokratie (Nueva Gaceta del Rin. Órgano de la Democracia) salió todos los días en Colonia del 1 de junio de 1848 al 19 de mayo de 1849 bajo la dirección de Marx. La actitud enérgica e intransigente del periódico, su internacionalismo combativo y sus denuncias políticas dirigidas contra el Gobierno prusiano y las autoridades de Colonia lo expusieron desde los prime-ros meses de su existencia a las persecuciones del Gobierno e hicieron al fin y al cabo que dejara de publicarse.

[9]New York Daily Tribune (Tribuna Diaria de Nueva York): periódico norteamericano que apareció de 1841 a 1924. En las décadas del 40 y 50 del siglo XIX sostuvo posiciones progresistas y se manifestó contra la esclavitud. Marx colaboró en él desde agosto de 1851 hasta marzo de 1862; Engels escribió a su petición muchos artículos para este periódico.

[10]Déjese aquí cuanto sea recelo; / Mátese aquí cuanto sea vileza.