González Escudero, un filólogo con textura de filósofo

 

Logos y Polis, el primer volumen recopilatorio de los escritos del que fuera decano de Filosofía de Oviedo, un profundo conocedor del mundo griego

 

 

 

λόγος y πόλις. Escritos de Santiago González Escudero

Santiago González Escudero y editores

Eikasía Ediciones, Oviedo, 2019, 436 páginas

 

Santiago González Escudero falleció en 2008, prematuramente, con 62 años, cuando ejercía de Decano de la Facultad de Filosofía de Oviedo. Leonés trasladado al norte, es primero catedrático de Griego en varios institutos de Asturias y, a la par y después, profesor de la Universidad de Oviedo, donde impartió “Historia Antigua”, “Historia filológica de la Filosofía” e “Historia de la Filosofía Griega”. Los colaboradores de la edición, Bárbara Álvarez, Noelia Bueno, Salvador Centeno, Manuel Gereduz, Montserrat Ibarra, Román García Fernández y Enrique Suárez Ferreiro, nos presentan ahora el primer volumen.

Llega hasta nosotros su personal “carácter”, mientras recordamos sus continuas aclaraciones filológicas: “carácter, Kharaktér,  designa al grabador de monedas que en ellas imprime una imagen”. Inigualable en la capacidad para desmitificar los contenidos falsamente inflados de ciertos términos de alcurnia semántica, en sus manos contorneados como palabras de la calle, conceptos prácticos, herramientas comunicativas. Quizá pudiéramos imaginar a un investigador que a fuerza de filología se va alejando de la filosofía, pero nos equivocaríamos tras esa apariencia, porque era muy al contrario, así lo señala Tomás Calvo en las páginas introductorias.

Cuando uno sigue el discurso de este astur-leonés y ve una argumentación bien trabada y tan compleja como exige cada asunto, tras su técnica filológica trasparece el meollo filosófico. Su filosofía surge no solo de su conocimiento del griego, sino en definitiva de su precisión, de su consistencia, de su arquitectura que integra lo gramatical (nivel primero) con lo conceptual (nivel segundo) y con, por último, las ideas filosóficas (nivel tercero: de relaciones conceptuales) que, imprimiendo sentidos unitarios (a veces diversos), son capaces de arrojar luz  al asunto del que se trata. No en vano el sistema filosófico de Gustavo Bueno está impactando poderosamente sobre él, si bien combina esta influencia con una libertad ejemplar para investigar.

Logos y Polis es un profundo viaje a la historia de la filosofía antigua. Parménides, Empédocles, Epicuro, Pirrón… se nos aparecen en un retrato bien matizado, tal que, no filológicamente pero sí en fotografía, haría hoy Muel de Dios. Y no solo vemos autores, hay también paisaje, y comprendemos así con mayor hondura algunas ideas columnas vertebrales de nuestro pensar actual. Tomemos lo que significa “mito” en las manos de González Escudero: la tesis de Wilhelm Nestlé, sobre que hay un paso histórico del Mito al Logos, ha de ser reconocida de alguna forma, pues algo de verdad habría, aunque inmediatamente procede a hacer matizaciones y, en definitiva, una rectificación de fondo. Cuando se tiene un conocimiento profundo de Homero y de Hesíodo, padres de los mitos, porque han sido leídos en su lengua original y traducidos con todo el aparato crítico disponible, cuando todos estos contenidos se ponen en su contexto de transformación social e ideológica de entonces (huyendo de las interferencias perversas del presente) y cuando este mundo mitológico original llega a los Eurípides, Platón, Heródoto, Aristóteles… todo ello bebido en sus fuentes, y hasta el Renacimiento y el siglo XX, cuando se abarca esa complejidad a la vez, entonces, se procede a una relación entre lo mitológico y lo filosófico-científico que, sin negar la confrontación entre dos modelos para ordenar los fenómenos, tiene que comprender  su interinfluencia y su proceso lento de unas partes sobre otras. Simplificar o caricaturizar no es la opción.

Pudiera haber también, entre los lectores más críticos, algún “escéptico” —término que también analiza maravillosamente—. Leamos, entonces, el artículo dedicado a Parménides (sobre qué significa “es”) o el dedicado a Platón (sobre el significado de lo “mismo”), en cuyos detalles no puedo entrar ahora porque aquí, seguramente, sería enojoso sintetizar su análisis y meticulosidad. Tan solo unos brochazos. Un magnífico caso en el que lo filológico se convierte en filosófico se refiere a Platón y, en concreto, a cómo el demiurgo “modela” el mundo tomando las ideas como “modelo”, pero, claro, utilizando los materiales de la physis. La traducción de Escudero huye de las hipótesis sin fundamento o de giros metafísicos inapropiados, que normalmente pone el propio intérprete, ya sea Burnet, Taylor, Cornford, F. Lisi o cualquiera de los otros que él revisa. Lo importante en la traducción de este admirado profesor es que el demiurgo es un artesano y que actúa como tal: consigue llevar a cabo una mezcla difícil, componiendo lo que aporta la naturaleza caótica cambiante y las ideas eternas inmutables, y ha de hacerlo mediante la “fuerza”, y no de cualquier manera, sino inteligentemente, y aquí es donde entran los diferentes niveles considerados por Platón: lo abstracto-teórico (el qué), lo abstracto-práctico (el cómo) y lo concreto-teórico-práctico o cosa definitivamente construida. La teoría de las ideas de Platón queda, de esta manera, ajustada a un modo de operar lógico (avanzar por dicotomías) y dialéctico (enlaces que se sostienen), cuyos componentes y articulación se ponen a la vista.

Lo mismo sucede con Parménides al traducir que hay una sola vía y no dos, y con tantísimas otras matizaciones trascendentales. Un filólogo con textura de filósofo, una bella y generosa persona, Santiago González Escudero esperamos el volumen II que tus discípulos te preparan. Y deseamos que todas las fichas de trabajo —que con tu muerte fueron al limbo— no se dejen perder: allí está la parte oculta de tu iceberg investigador.

 

 

Silverio Sánchez Corredera

 

En LNE, 20 de febrero de 2020:

https://afondo.lne.es/cultura/gonzalez-escudero-un-filologo-con-textura-de-filosofo.html